Impactos sociales y ambientales del Covid-19, una breve reflexión

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La pandemia por el Covid-19 sin duda ha dado mucho para reflexionar, no sólo por su impacto en los sistemas de salud a nivel global y la vida de miles de personas que lo han padecido, o que lamentablemente han fallecido, sino también en la economía global, cuyos pronósticos no son nada positivos. Pero, en esta ocasión me gustaría enfocarme en cómo nos ha impactado en algunos temas sociales y ambientales.

El distanciamiento social y el llamado a quedarse en casa han cambiado la dinámica laboral, escolar, familiar y social de muchas personas, que de un día para otro han tenido que adaptarse a esquemas de home office o de educación a distancia, a integrar el trabajo con la propia convivencia familiar y a limitar todo tipo de actividades fuera de casa, entre muchas otros aspectos que se han visto alterados.

Esto sin duda representa un reto importante, para el que muchos no estábamos preparados, y que desde luego puede impactar en nuestra salud emocional por la falta de contacto físico con otras personas (más allá de aquellos que viven en la misma casa), el estrés, la ansiedad, o el miedo que se pudiera generar por la incertidumbre de la situación en la que vivimos, y que pudiera desencadenar lo que algunos han llamado “síndrome de cuarentena”, o el surgimiento de roces y conflictos con la pareja u otros integrantes de la familia por una mayor convivencia a la que no estábamos acostumbrados, por mencionar algunos efectos.

Sin embargo, por otro lado, también es un llamado a la reflexión personal, para enfocarnos en lo que realmente importa, cuidar nuestra salud y seguir todas las indicaciones de prevención y contención, valorar a nuestra familia y amigos, desarrollar nuevas habilidades y competencias laborales y/o de aprendizaje, apoyar a las personas que más lo necesitan (por ejemplo, adultos mayores, grupos vulnerables, pequeños negocios, productores locales o gente que vive al día y no puede dejar de trabajar), etcétera.

En cuanto al medio ambiente, paradójicamente, éste ha tenido “un respiro” por las reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero, derivadas de la disminución de la producción industrial en algunos países, la reducción en el uso de medios de transporte a gran escala por las restricciones a vuelos o simplemente el hecho de quedarse en casa y no tener que trasladarse al trabajo. Se estima que en el caso de China, las emisiones de CO2 se han reducido en 25%, lo que ha permitido mejorar la calidad del aire en varias de sus ciudades más contaminadas.

Por otro lado, en redes sociales hemos visto videos de cómo ante la falta del ser humano en las calles, diversos animales deambulan en algunas ciudades europeas, como si regresaran a los territorios que anteriormente les pertenecían, recordándonos la capacidad de adaptación y resiliencia de los ecosistemas, pero también concientizándonos del daño que hemos generado a la naturaleza y el impacto que los modelos lineales de producción y consumo tiene sobre ésta.

Ya el tiempo dirá, si una vez que esta terrible situación haya pasado, podemos quedarnos como humanidad con aquellos cambios positivos en lo social y en lo ambiental, y si estas lecciones aprendidas detonan la transformación real de los modelos operativos de las organizaciones y nuestros estilos de vida, orientándolos hacia el desarrollo sostenible.